Poesía del sueño

“El templo del sueño”

Cuando la noche extiende su manto,
el alma se recoge,
y el cuerpo recuerda
el ritmo secreto del universo.

La respiración se vuelve río,
y en su cauce silencioso
viajan las memorias del día,
las risas, las heridas,
las palabras que aún vibran.

Todo se disuelve en la oscuridad dorada
de un descanso sagrado.
La mente se rinde,
el corazón se aquieta,
y la energía se enciende
en lo invisible.

La glándula del misterio
esa pequeña estrella interna
abre su ojo de luz,
destilando melatonina,
elixir del renacer.

Las células cantan su himno de reparación,
el cuerpo danza en su propio laboratorio,
mezclando hormonas y sueños,
tejido y conciencia,
silencio y cosmos.

El alma viaja lejos,
y a la vez, hacia dentro:
reconecta con la fuente,
bebe del manantial que nunca se apaga.

Al amanecer,
el sol toca la piel como una promesa.
Despierto, no solo descanso:
he vuelto a mí,
renacido en equilibrio,
bañado en gratitud.